Relato sobre la gestión de la cuarenta: la visión de una mamá

Si hay algo que siempre transmito a mis hijas desde que son pequeñas es que de cualquier situación que se viva, por tremenda que sea, se puede sacar algo positivo seguro; y es precisamente esta actitud de positivismo la que desde el minuto cero que “estalla” el estado de alarma he querido contagiar a las niñas, sobre todo a la pequeña de la casa.


Bien verdad es que no es lo mismo gestionar el estado de alarma y la cuarentena con niños pequeños que en mi situación, mis hijas tienen 20 y 11 años respectivamente… pero oye, que todo tiene su qué, tampoco es un camino de rosas y más cuando estalla el notición, que fue de forma sobrevenida incluso muy alarmista y de repente las niñas salían de clase con la noticia de que los centros escolares y la Universidad cerraban por culpa del Coronavirus y que tenían que permanecer en casa. 


Las noticias en ese instante más bien alarmistas al respecto, desordenadas e incluso caóticas y lo que es peor, etiquetando a los niños como “potenciales portadores” incluso “bombas de relojería andantes”….. “ojocuidao”.
Un virus que nos ha hecho parar en seco nuestras vidas, nuestras rutinas y que nos ha obligado a las familias a cambiar nuestro ritmo de vida estresante, lleno de actividades y que hemos pasado de “no estar” a convivir las 24 horas del día más de 40 días…. y lo que nos queda.


Todo un reto para todos los integrantes de la familia que nos ha descolocado y tambaleado.


En definitiva, con informaciones muy adultocéntricas y dejando una vez más en manos de los padres la ardua tarea de serenarlos, tranquilizarlos y ayudándoles a gestionar el miedo inicial que se produce con todo esto; además de tener que ejercer de profesores muchos con la cantidad de deberes iniciales que se les mandó con el único objetivo de que “estuviesen ocupados” cuando lo que primaba era la adaptación a la nueva situación y las emociones.


Los niños y los adolescentes son los grandes olvidados en esta pandemia, y bajo mi punto de vista se han cometido errores grandes y graves respecto a los mismos bajo el pretexto de que “los niños tienen una gran capacidad de adaptación”… pero nadie se ha dignado a preguntarles qué sienten y cómo están así como explicarles este estado de alarma de forma que lo entiendan y rebajar los niveles de ansiedad inicial que pudieron tener y que algunos mantienen aún con el paso de los días.


Y en el escenario con el que nos encontramos al principio lo prioritario, bajo mi punto de vista, fue (y sigue siendo) saber exactamente qué sentían, cómo estaban y lo que es más importante rebajar los niveles de miedo, ansiedad así como de incertidumbre; y digo que sigue siendo porque en casa siempre se hace la misma pregunta: ¿Qué sientes?…. que el cómo estás se queda muy corto y no deja que fluyan las emociones.


Por lo que siguiendo la línea educacional que tengo con ellas desde que nacieron, basada siempre en las emociones, la gestión de las mismas y el darles herramientas para gestionarlas de la mejor manera posible y una educación en la que no les escondemos nada, por grave y feo que sea de lo que pasa, pero adaptamos las informaciones de forma adecuada a sus edades…. hemos hablado mucho.

Hemos hablado todos juntos, he hablado con las dos juntas incluso con cada una de ellas por separado para que tengan su espacio de intimidad de lo que está pasando, racionalizamos las noticias que sólo vemos una vez al día y siempre juntas.

Pero sobre todo hablamos de lo que pasará, que también es muy importante y en mi caso es una preocupación que se reitera en la pequeña de la casa…. las incertidumbres no le gustan, ella quiere saber en todo momento lo cuál está muy bien pero como madre (y ahora que no me oye) os confesaré que a veces me agota porque me quedo sin argumentos porque los adultos tampoco sabemos qué pasará.


Lo que sí creo y tengo claro es que hemos de explicarles que lo que hasta ahora era normal quizás no vuelva a serlo y tendremos que adaptarnos a otras formas de vivir, de compartir de socializar…. Sin ir más lejos, ya lo experimentan, hablan con sus amigas por videollamada, los abrazos son vietuales, tienen zooms con la tutora del colegio y clases on line de la Universiad.


Que como yo decía hace unos días en mi cuenta de Instagram…. Que está muy bien que les manden deberes, que han de continuar con los temarios, han de continuar con los aprendizajes, pero llenarlos a tareas no es, ni será la solución. 


En mi caso, lo primordial es su SALUD EMOCIONAL y sus SENTIMIENTOS y si todo “va bien” en este sentido….. pues deberes, lecturas y un sinfín de actividades que también son muy buenas e incluso educativas para ellas como cocinar, ayudar en casa o simplemente una sesión de sofá, peli, manta, palomitas y mimos incluso aburrirse un poco.


No es una situación fácil, ni para nuestros hijos ni para nosotros los padres que tenemos mil y un roles en esta situación, somos padres, cuidadores, compañeros de juegos, maestros…… y seguro que habrá momentos de estrés, de aburrimiento, de malos humores incluso de enfados pero recordemos que los adultos somos nosotros y si nosotros estamos bien transmitiremos eso a nuestros hijos; bajemos los niveles de exige cia y seamos más tomerantes e i cluso permisivos en según que momentos y aspectos.


Pero también estoy segura que esta situación es una oportunidad, si sí… como lo lees, llamame ingenua, utópica o soñadora….. todo esto va a unir mucho más a las familias (las que lógicamente tienen una buena base sin grietas), nos va a enseñar a apreciar las pequeñas cosas de la vida y a valorar mucho más los momentos e instantes que nos brinda la vida, llevar un ritmo mucho más slow, compartir cotidianeidades con las niñas, incluso hacer tik toks juntas.


Me atrevo a decir que la vida nos ha dado muchas señales que no hemos sabido escuchar, y nos ha obligado a parar para darnos cuenta de que llevábamos un ritmo demasiado heavy.

Por:
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